Por Gustavo M. Azubel
Como todos los sábados, Roberto se despierta temprano. No es un día más, es el “día” que elige con cuál de sus cinco motos pasará la jornada.
Roberto Hugo Fernández es un jubilado, de profesión fotógrafo, próximo a cumplir 82 años (el 1 de julio) que me ha llamado la atención desde que lo conozco. Siempre lo observo sentado en su mesa contra el ventanal en la cafetería de la estación de servicio del Automóvil Club Argentino (ACA), de Panamericana y Debenedetti, impecablemente vestido, con pantalones con protecciones moteras, camisas al tono con su inconfundible pañuelo al cuello, su distinguido anillo en la mano derecha y esa bonhomía que refleja su cara de felicidad al estar haciendo lo que le produce más placer.
Roberto, ¿cómo surgió esta pasión de andar en moto?
En 1958 mi papá me compró una moto Puma 2ª serie (la moto Puma fue fabricada en la provincia de Córdoba por IAME/DINFIA. Tenía un motor monocilíndrico de 2 tiempos, de 98 cc y 4,5 hp). En ese entonces yo tenía 15 años y las motos que había eran de pos guerra, eran Harley Davidson o Norton viejas.
¿Cómo empezó con la fotografía?
Soy oriundo de Goya, provincia de Corrientes, y a los 19 años empecé a trabajar como reportero grafico del diario “El litoral”. En 1970 me radiqué en Buenos Aires para aprender la técnica de la fotografía a color, ingresé como laboratorista en un estudio de fotografía y con el tiempo pasé a otro donde ya era asistente del dueño.
Y en esa época, ya instalado en Buenos Aires, ¿seguía con las motos?
No, la moto había quedado guardada en mi Goya natal, en ese momento la pasión había quedado archivada.
Ya entrado los años, y habiendo hecho una carrera profesional en la fotografía, ¿cuándo fue que volvió a ese amor que había quedado en el tiempo?
A los 65 años me estaba por jubilar y tenía miedo de que me agarre esa locura que les pasa a algunos viejos de querer salir con una chica joven, comprarse un auto sport (risas), y ya me había divorciado (Roberto tiene 2 hijas y 1 nieta). En esa época vi un documental sobre los motociclistas que me impactó, donde decían que el motociclista elige un estilo de vida. Inmediatamente, me compré una Kymco Venox 250 (la Venox 250 es una motocicleta estilo cruiser o custom ligera de 249 cc), de ahí pasé a la Kawasaki 900 custom (la 900 es una motocicleta de estilo cruiser, bicilindrica en V de 903 cc), después tuve una Yamaha 1900 y empecé a viajar por el país, Salta, Jujuy, etc. y visité países vecinos como Uruguay, Bolivia, Perú. A los 79 años viajé al Machu Pichu, ya mechaba con otras motos como la Indian 1200 (legendaria marca estadounidense, bicilindrica en V de 1.203 cc), fui el primer cliente en adquirirla cuando abrió el primer concesionario sobre la Av. Libertador en Martínez. Hice 10.200 kilómetros en 32 días, dando la vuelta por Nazca en Perú (ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO), regresando por el norte de Chile hasta Santiago e ingresando a la Argentina por Mendoza.

¿Cómo llega a Royal Enfield?
Yo ya tenía varias motos de distintas marcas, pero siempre me habían llamado la atención las motos inglesas y apareció la Royal Enfield GT 650 estilo Café Racer (surgido en la década de los 50 en Inglaterra de la mano de la cultura rocker, el estilo Café Racer es minimalista, con silueta baja, enfoque purista y ágil). Fue tal el enamoramiento que decidí vender las otras motos y quedarme con una sola marca, pero ¡quería un modelo de cada una!
¿Qué le llamó tanto la atención de la marca?
Royal Enfield tiene un excelente servicio y atención de post venta, hace reuniones y organiza viajes, hace poco se realizó la primera reunión nacional en Tandil donde hubo 53 motos. Con las otras marcas no disfrutaba, iba rápido pero no apreciaba, en cambio, con la Royal Enfield empecé a disfrutar, a pasear y ver, descubrí el mirar y el ¡salir a disfrutar la vida!
¿Cómo es su rutina, cómo elige qué moto usar?
Generalmente, mi rutina es salir los sábados y domingos. Me encuentro con amigos que, a veces, me llaman y me dicen: ‘tengo ganas de ir al Uruguay, ¿vamos?’ o como la vez pasada que un amigo me llamó y me dijo que quería ir a las cataratas, pero del lado brasilero. Dependiendo de “para qué”, veo qué moto uso, si es para ciudad o ruta.

¿Más allá de ser un influencer de moto, usted también es un influencer de la vida?
Mirá, cuando la gente se retira o se jubila de sus trabajos se sienta a esperar la muerte, pero yo me negué. Me senté en la moto a realizar mis dos pasiones: la fotografía y la adrenalina de las dos ruedas. Disfruto de cada momento, saco fotos de los lugares donde voy. El tema es mental, no me quedo en mi casa viendo TV, salgo y el mundo se abre de par en par, conozco gente, tengo amigos, formo parte de una comunidad motera. Leí estudios que se hicieron en Inglaterra que demostraron que, a edades avanzadas, andar en moto retarda el desarrollo de enfermedades degenerativas. Está comprobado científicamente que el andar en moto genera un estado de bienestar.
Me genera curiosidad cómo llegó a ser un embajador de la marca.
De casualidad. Se me dio al comprar mi cuarta Royal Enfield y un día me llaman y me comentan que buscaban a un cliente para realizar un reportaje con ciertas características que tuvo más de 70.000 reproducciones en YouTube. Ese video recorrió todo Latinoamérica, inclusive se vio en España. Me convocaron desde la sede de Medellín, Colombia. Viajé con un amigo y nos pusieron dos motos a disposición, pasé ocho días hermosos recorriendo ciudades cercanas y, por supuesto, la fábrica de ensamblado.

Cuénteme, ¿quién es Roberto Fernández? ¿El influencer, el fotógrafo, el papá de dos hijas, el motero?
Soy un apasionado de la vida que combina sus dos amores, la fotografía y el andar en moto. Es mi vida. Fui considerado uno de los 10 mejores fotógrafos de la Argentina, hice fotografía publicitaria y periodística y todo lo hice con pasión.
Ese señor, el cual observo todos los sábados en el ACA, me genera admiración. Su pasión en su relato y sus lágrimas escondidas detrás de sus anteojos no hace más que resaltar su esencia de vida. Un ejemplo a seguir con esa sonrisa cuando me saluda y yo siempre le pregunto: ¿cómo anda Roberto?

Buen buena nota, me encanta que podamos tener una mirada diferente sobre la gente mayor como el joven Roberto.
Muchas gracias Graciela!
LA NOTA UN 10!
BUENÍSIMO EL ESPACIO A LAS » 2″ RUEDAS!