Por Gustavo M. Azubel
El día esta frío, el sol todavía no calienta, pero la amistad de los señores moteros no se negocia.
Todos los sábados y domingos decenas, cientos (usted elija la cantidad) se juntan en distintas estaciones de servicios del AMBA para emprender viajes, almuerzos a 80 o 100 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. Todos comparten una pasión, una necesidad de pertenecer un rato a una manada en motos.
Hace muchos años que participo en un grupo de señores que planifica salidas a distintas localidades, que se preparan para recibir a 10, 15 o 20 entusiastas de la motocicleta.
Ya sea por la zona norte (de mis preferidas) oeste o sur, es común ver transitar por las autopistas a grupos de motos con sus imponentes armaduras (cascos, camperas, pantalones con protecciones) montados en BMW GS 950/1200, Harley Davidson (desde la Sporter 883) KTM, Yamaha, Suzuki (otra vez usted elije), generalmente de 500 cc para arriba.

Todos tiene un denominador común: sentir el viento en la cara, esa sensación de haber dejado atrás los problemas que nos acucian en la semana. Una vez, un caballero me dijo unas palabras que me gusta repetir sin que me apropie de su autoría: “manejar un automóvil es como ver una película en pantalla, en cambio, pilotear una moto es ser el protagonista de la misma”. La amistad se genera al saber que hay un compañero al costado, delante o detrás, y hablo de sensación ya que la inseguridad golpea fuerte (¿tan difícil es poner una patrulla de caminos en las Autopistas Urbanas?), un tema no menor que en este último tiempo amedrenta y mucho.
Pero volvamos a lo mejor que tienen estas salidas. La adrenalina de viajar en grupos, no le exagero, ¿usted vio la película Top Gun? Cuando se viaja en formación “estrella” uno cree, en serio, que pilotea un F16. La estructura estrella o conducción escalonada es la técnica ideal. Cada grupo se forma a partir del de menor cilindrada hacia adelante, permite circular en forma segura, maximiza el campo visual. El líder o guía circula por el tercio izquierdo del carril, la segunda moto a la derecha y así se replica la secuencia.
Las caravanas de motos se dirigen a destinos como el paraje Diego Gaynor, una localidad rural del partido de Exaltación de la Cruz, o un poco antes a la parrilla BOX 51, donde el llegar y comer es toda una experiencia. Atendido por su dueño (pregunte por “Cucurucho”), la calidad y cantidad invita a repetir seguido.
Todas estas salidas no tendrían sentido sin la amistad que atraviesa a estos grupos. Desde el WhatsApp, en la semana siempre hay algún miembro arengando para la planificación: desayuno y alistamiento (como se dice en la previa: tanque lleno/pis afuera), dependiendo las distancias, puede haber paradas intermedias para reagruparse (siempre está el que acelera de más y el que acelera de menos), o tener un lugar agendado y reservado como Carlos Keen, Mercedes o San Pedro, clásicos donde generalmente se llena de gente.
Créame, si usted anda viajando por alguna autopista y ve motos dirigiéndose hacia algún destino incierto sígalos, ellos saben dónde comer y ¡bien!, no se equivocan. En esta época donde la vida pasa por un reel de Instagram o un título de algún portal, observar a estos grupos donde se sociabiliza e integra es todo un merito.
